Sábado, 4 de la tarde. El timbre no deja de sonar en un departamento del barrio de San Cristóbal. Hay unas quince mujeres que seguramente no tienen nada más que hacer ese día de sol invernal. Pasan ansiosamente las perchas, observan, se prueban, se ríen, y compran, entre bocado y bocado, de los tantos que se ofrecen en la mesa del comedor. Se trata de una de las tantas ferias americanas que hay en Buenos Aires, como en toda ciudad del mundo actual.
Lo de las ferias no es una novedad, claro. Tampoco lo son las ventas de garaje, que en Estados Unidos existieron desde que el mundo es mundo y ahora debido a la crisis, parecen proliferar. Es más, parece que cada vez más, las norteamericanas convierten sus closets en tiendas. “Muchas mujeres han estado haciendo shopping en sus propios closets últimamente, sacando a relucir viejos estilos como una forma de evitar comprar algo nuevo. Ahora, algunas fanáticas de prendas, zapatos y carteras de diseñadores se están inclinando a convertir sus closets en tiendas de segunda mano. Están reacomodando sus espacios para que parezcan probadores. Algunas ofrecen vino o botellas de agua a sus clientes, y otras actúan como personal shoppers repletas de consejos sobre moda”, decía hace poco un diario neoyorquino.
La versión argentina de los garage sales se multiplicó en los últimos tiempos. Los puntos más convocantes: Palermo, Recoleta o San Telmo. El público: consumidores de clase media y media-alta que recurren a estos lugares, para no resignar buenas marcas y diseñadores y conseguir ítems exclusivos a buen precio. (Todo esto además de que en los últimos años hemos escuchado tanto sobre la moda vintage, que salimos a buscarla al más maltrecho de los baúles).
Hay de todo: ferias americanas donde se vende ropa usada; aquellas que ofrecen diseños independientes que no se encuentran en los circuitos comerciales, y las famosas ventas de garaje, en donde se encuentra de todo. Algunas duran sólo tres o cuatro días, por eso es imprescindible saber detectarlas, otras son aún más errantes, y cambian de lugar casi imperceptiblemente.
Como un secreto apenas revelado, las ferias se mueven a través de Buenos Aires y cada vez son más los que las persiguen. Son aquellos que están atentos y no pierden la oportunidad de seguir teniendo estilo a un buen precio.
* Sol Ytuarte
Directora Editorial