“Two roads diverged in a wood, and I… I took the one less travelled by, and that has made all the difference.” (“Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo, yo tomé el menos transitado, Y eso ha hecho toda la diferencia”.) Así concluye el poema del gran Robert Frost, “The road not taken” (“El camino no elegido”).
Es una de mis poesías favoritas, no sólo por su estilo de escritura sino por sus palabras sabias. Además del desafío, la adrenalina, las frustraciones posibles, los logros impensados, que significan el resultado de tomar el camino menos transitado, el texto comienza con el camino bifurcado. Las dos opciones; una, la que será elegida, la otra, la descartada, la que permanecerá desconocida, la que vivirá por siempre en el mundo de la vacilación.
De un lado, las posibilidades; del otro, el hombre y su oportunidad de elegir. Sartre decía que el ser humano está condenado a ser libre. Siempre guardé esta premisa en mi memoria para machetearme en esos momentos en los que sentía que me quedaba sin opciones.
¿Cómo saber de antemano que lo que elegimos es lo mejor? ¿Cómo vivir por siempre gobernado por la duda de qué hubiera pasado si…?
Ya no importa. Si elegimos y lo hacemos conscientemente, las decisiones rechazadas hacen a las preferidas. Las no elecciones se transforman en nuestras elecciones. El camino no elegido también hace la diferencia.
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