Mis almuerzos empiezan con un diálogo entre varios y terminan en un férreo debate generalmente de género. Una de las quejas repetidas y consensuadas entre los hombres (que dominan la mesa) es la relación para ellos inexplicable entre sus mujeres y el shopping.
Varias veces escuché: “Recorre todos los negocios, se prueba de todo y no compra nada”. Es el lamento más coreado. Mi intento no es nunca objetarlo, simplemente aceptar y a mucha honra que yo también camino y me pruebo sin ningún fin cuanta prenda esté a mi alcance y cuantas perchas me dejen empuñar.
Pero esta característica típica del género femenino parece que fue documentada por un estudio realizado por el conocido Daniel Kruger, docente investigador en la Escuela de Saludo Pública de la Universidad de Michigan, y explicada desde las diferentes estrategias para la caza y la recolección usadas durante la evolución humana. (Debo confesar que mi compañero de vida es la excepción a la regla y mucho peor que cualquier mujer que conozco, pero ese es un debate para otro día).
“Tenemos pruebas de que el tipo de destrezas, habilidades y comportamientos que son importantes para la caza y la recolección en las sociedades que viven actualmente de la caza y la recolección emergen de forma previsible en nuestro ambiente de consumo moderno", señala Kruger.
"Pero eso no es tan irracional si uno considera una estrategia de recolección", añade. "En cualquier momento que se llega a una nueva área uno quiere revisar el paisaje para determinar dónde están las áreas con comida".
Entonces, compañeros de mesa, no busquemos más explicaciones vanas. Ya escucharon al Sr. Kruger. El origen de esta tendencia femenina está en la evolución humana. De pronto encontré la respuesta a tantas inquietudes y tuve un impulso por ir de compras, puramente evolucionista. Asumí mi rol y salí a recolectar prendas y accesorios.
* Por Soledad Ytuarte
Directora Editorial
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