Cuando Nicholas James Brown se prepara para ir por cócteles al Tribeca Grand o de paseo a los Hamptons, se pega algunas curitas diseñadas por el diseñador de indumentaria brasilero, Alexandre Herchcovitch.
Para el Sr. Brown, de 24 años, quien trabaja en la revista Esquire en Nueva York, las tiras de colores son un accesorio importante, y las coordina cuidadosamente con su sweater Kris Van Assche o su maletín Balenciaga. Habitualmente lleva una en su mano o brazo izquierdo y la compensa con dos o tres en su pierna derecha.
No se pone ninguna en la cara, porque, dice, “No quiero que la gente piense, ‘¿qué pasó?’”. “Y si cualquiera le pregunta que se hizo a sí mismo para necesitar todas esas curitas, yo miento y digo, ‘me corté’”, explica.
Desde que la cinta adhesiva fue elevada por diseñadores como Herchcovitch o grabada con cristales Swarovski, algunos adultos la empezaron a ver como un brazalete o autobronceante, un adorno.
Chris Bick tiene la empresa FredFlare.com, que vende curitas con forma de labios. “Es como un tatuaje temporario”, afirma.
Los diseños de Herchcovitch para la marca Band-Aid colmaron los estantes del Opening Ceremony en New York y Los Angeles el mes pasado. En una semana, vendió 120 cajas a un valor de 10 dólares cada una.
Pero Herchcovitch, que est an fanático de las curitas que tiene un tatuaje de una en uno de sus brazos, no es el primer diseñador ue incursiona en ellas. Por algún tiempo, Marc Jacobs vendió paquetes de curitas por 2 dólares, que decían “Ouch!” y “Boo! Boo!” en una caja que decía “That’s Gonna Leave a Marc” (Eso dejara una marca, pero haciendo referencia a su nombre, Marc).
Y Fabian Seibert, un diseñador alemán, decora curitas con cristales Swarovski y las vende online en www.suelzkotlett.de y en locales de Europa, incluso las Galerías Lafayette en París.
Esta moda se vio en la premier en Los Angeles de “The X-Files: I Want to Believe”. La actriz Bai Ling desfiló por la alfombra roja con tiras de color beige que había decorado ella misma.